sábado, 1 de diciembre de 2007

Capítulo 6: ¿Qué viene a decir Chiquita Banana?



En esta siguiente etapa (1940-1950) las imagenes difundidas por la UFCo utilizan profusamente a este nuevo personaje en la presentación de su producto. Se difunden distintas recetas realizables con plátanos, junto a numerosas imágenes de Chiquita presentando el producto, en todas las cuales aparece transmite alegría y vitalidad -incluso musicalidad-, apareciendo en algunas escenas cocinando ella misma, demostrando así cercanía con la labor de las dueñas de casa estadounidense, aunque vale decir que ya no se muestra a mujeres ni niños en las imágenes, sólo a Chiquita, dejando abierta la posibilidad de dirigirse a un público más amplio, como se muestra en el siguiente comics de 1950, donde Chiquita se relaciona directamente con dos jóvenes, lo que podría hablarnos de la adecuación de la estrategia publicitaria a los nuevos roles de género en proceso de transformación en la sociedad norteamericana.

En "Chiquita al Rescate" la tropical banana es homologada a un superheroe que rescata del cansancio a dos jóvenes estudiantes que ante la pregunta ¿qué haremos ahora? encuentran respuesta tras la aparición de la sonriente banana: "es simple, toma un poco de mí" solucionando la situación -ausencia de comida- y enseñando a los receptores -¿las madres?- lo adecuado de la banana para dichos destinatarios.

Más abajo, se ofrece una copia de la canción de Chiquita a cambio del envío de un cupón con los datos personales del lector. Así, la estrategia publicitaria del a UFCo incluye la difusión de producciones culturales que llegasen a todo público, inviertiendo en la difusión masiva de su producción ya no sólo frutera, sino también cultural.

Capítulo 5: El Arribo de Chiquita...

En 1940 aparecen las primeras imágenes de Chiquita Banana, personificación de la fruta con rasgos femeninos de denotada sensualidad y simpatía. Se representa a través de la alegre banana, un tipo femenino latinoamericano, que con el tiempo será la principal imagen de la Compañía que busca publicitar su producción, a tal punto que en 1970 la Compañía cambia su nombre al de Chiquita Brands al ser adquirida por otra multinacional.

La imagen de Chiquita primero aparecerá en logos, para luego adquirir vida propia en los afiches, animaciones, música y hasta un concurso de belleza en los años 60.

A través de su imagen podemos analizar la representación de la cultura latinoamericana que difunde la UFCo, destacando rasgos festivos y sensuales que exotizan la imagen de la banana que arriba felizmente a Norteamérica.

Capítulo 4: Que toda Norteamérica Consuma Bananas



En una primera etapa (1926-1931) la publicidad de la UFCo es esencialmente educativa, utilizando para ello un medio de transmisión de mensaje masivo: afiches publicados en revistas, para hacer llegar estas ideas a un amplio público. Éstas imágenes son altamente elaboradas, acompañadas de texto escrito que profundizan lo que se busca transmitir, donde destacan imagenes de carácter familiar y cotidiano que buscan reproducir la realidad cotidiana de una familia norteamericana: la tarea diaria de cocinar, la escuela, los niños.

El explícito sentido de educar en el consumo de bananas se demuestra en el primer afiche (1931) publicado en la revista "Collier's, The National Weekly", con una profesora señalando la banana en un pizarrón escolar -rayado con operaciones matemáticas básicas, realizables por gran parte de la población desde temprana edad- acompañado de la frase "Aprendiendo a alimentar a nuestros hijos... aprendemos a alimentarnos a nosotros". Este afiche va dirigido en especial a las dueñas de casa, con un tono cercano y familiar, para que completen su labor educativa al informarse de los beneficios del consumo de bananas.

La presencia de los niños en la propaganda de la UFCo está muy bien reflejada en el segundo (1927) y tercer (1926) afiche, que informan acerca de lo idoneo de éste producto para el consumo de incluso los "dientes más chiquitos", apareciéndo un par de bananas al lado de juguetes infantiles. En la siguiente imagen lo lúdico ha sido reemplazado por indumentarias escolares -un mapa y libros escolares- presentando a las bananas como una colación idónea para los niños, fácil de consumir y transportar, lo que quita complejidad a las tareas domésticas de las dueñas de casa.

Con el mismo sentido, en el último afiche (1928) se ofrece una posible receta con bananas, recalcando la posibilidad de probar alimentos tropicales de manera sencilla -una ensalada. Para ello se acompaña la imagen del plátano con plantas tropicales, dándole una especial imágen de producto exótico que la UFCo es capaz de traer a su mesa.

Imágenes obtenidas en la página corporativa de Chiquita Brands (nombre actual de la UFCo).

Momento!... ¿Quién come tanto plátano?

Tenemos la Empresa, las plantaciones, los trabajadores, el ferrocarril, la flota... pero ¿quién se come los plátanos? Junto a la producción de la mercancía la UFCo se enfrenta al desafío de producir un mercado de consumo que sea capaz de absorver niveles de producción de tipo industrial. Para hacer sostenibles altos niveles de producción, la Empresa requiere de un público objetivo promedio que consuma periódicamente sus productos y para eso debe cambiar el carácter suntuario del consumo de bananas.

Para producir el deseo de consumir bananas la UFCo utilizará todas las herramientas propias de la Sociedad de Masas del siglo XX: los Medios de Comunicación de Masas inauguran inimaginables alternativas de llegar a grupos de población utilizando los progresos técnicos a través de un discurso publicitario adecuado a las necesidades de los consumidores y la empresa. La UFCo genera un aparato publicitario de primer nivel: afiches, dibujos animados, documentales, libros, música.

El público al que se desea llegar es al ciudadano promedio de clase media norteamericano, cuyo nivel de ingresos le permitiera sostener un nivel de consumo constante. Para ello se utiliza un discurso de carácter pedagógico que busca educar a la población en las bondades del consumo de bananas, destacando sus cualidades nutricionales, la rapidez y simpleza de su consumo, lo que lo hace un producto adecuado para toda la familia, en especial para los niños. Por otro lado, es necesario derribar prejuicios y mitos respecto al consumo de la banana, como por ejemplo, el que condena que las mujeres coman plátanos en espacios públicos por una clara alusión sexual. Muy por el contrario, la propaganda creada y difundida por la UFCo ve en las dueñas de casa de clase media uno de los personajes centrales hacia quienes dirigir su aparato publicitario, ya que a partir de la conquista de las madres, se procura el consumo del resto de la familia.

Si volvemos a preguntarnos ¿Quién se come los plátanos? La respuesta es que la UFCo espera que TODA Norteamérica -y el resto del mundo- coma plátanos y pone todo su empeño en ello.

Capítulo 3: De cómo la United Fruit Company pasó a llamarse "Mamita Yunai"

Los efectos sociales de la presencia de la UFCo en Centroamérica fueron profundos, modificando la vida cotidiana en las plantaciones y los patrones culturales de las sociedades locales. Las plantaciones se extendieron profusamente entre 1900 y 1920, época en que la producción de bananas de la UFCo alcanza mayor relevancia. Con la Crisis de 1929 -que inaugura la siguiente década la empresa- comienza la retirada de algunos sectores, quedando en evidencia la transformación de los parámetros culturales locales y los efectos de la crisis en Centroamérica.

La primera reacción a la presencia norteamericana viene de parte de los mismos sujetos que viven en contacto directo con la bananera en los enclaves de la Compañía. La introducción del modo de producción capitalista-industrialista, modifica las prácticas económicas de los pequeños campesinos y comunidades indígenas de la región, estableciendo un nuevo concepto de trabajo remunerado con efectos a nivel social.

"¡La frutera necesitaba esclavos para sus nuevas plantaciones!" [1] Los trabajadores de la Compañía, asentados en enclaves habitacionales especialmente creados para ellos, ven guíada su vida cotidiana por los requerimientos de la Compañía, expresados a nivel social por la cooperación -y complicidad- entre los administradores de ésta y los gobiernos oligárquicos. Las autoridades de la UFCo eran también autoridades sociales y políticas a nivel social, amparadas en la incapacidad del Estado de estar presentes en vastos territorios geográficos y de responder a las necesidades de la población. Muchas de estas demandas son respondidas por la Compañía, mezclándose la autoridad laboral con la autoridad política, lo que complica más aún el escenario social para los trabajadores, como expresa la pluma de Carlos L. Fallas, escritor costarricense que trabajó como liniero para la UFCo.

Es entre estos trabajadores que la UFCo comienza a ser conocida como Mamita Yunai (apropiación de la palabra anglosajona "United"), término qe expresa el nivel de relevancia de la empresa a nivel cotidiano: es la Compañía la que da trabajo, vivienda, salud, educación; y también otorga orden, vigilancia y castigo. En este sentido, la UFCo llega a operar como un Estado paralelo, en cuanto cumple funciones que los gobiernos locales son incapaces -por múltiples motivos- de cumplir.

Para sus administradores y trabajadores especializados, la UFCo recrea la sociedad norteamericana original, creando verdaderos ciudades separadas del resto, que permitieran la mantención de un tren de vida similar o por lo menos "digno" para sus funcionarios.

[1] Carlos L. Fallas, Mamita Yunai: El infierno de las bananeras, Segunda edición, Editorial Platina Buenos Aires, 1956, p.68
* Imagen obtenida aquí.

Interludio: "Mamita Yunai, el Infierno de las Bananeras"

"No lograron, entonces, domar la Raza, ni los habilidosos frailes con sus escapularios y oraciones, ni los valientes soldados de España con sus espaldas, arcabuces, cascos y corazas.

La doma, el embrutecimiento del indio, la destrucción de la raza bravía, quedo para otros conquistadores mil veces menos valientes, pero infinitamente mas crueles y rapaces que aquellos españoles ¡y más arteros!: para los conquistadores imperialistas yanquis, secundados por sus criollos serviles. Y para otros tiempos: para los gloriosos tiempos de la República Democrática y Libérrima.

Los gringos de la United no trajeron arcabuces ni corazas. Trajeron muchos cheques y muchos dólares para corromper a los gobernantes venales y adquirir perros de presa ente los más destacados hijos del país.

… Y el plácido y tranquilo valle de Talamanca se estremeció al paso de la jauría azuzada por los yanquis, que no llegaron en pos del legendario Tisingal. No. Querían tierra y hombre-bestias que la trabajaran. Y ya los pobres indios no pudieron contener el avance de la “nueva civilización”. Llorando con impotencia vieron abatirse las montañas seculares, en donde por tantos siglos la Raza Heroica había cantado su canción de libertad. Y ardieron sus palenques, se destruyeron sus sembrados y se revolcó la tierra en que dormían los huesos de sus bravos guerreros. (¿Buscaban esmeraldas fantásticas? No. Se iba a transformar el jugo de la tierra en bananos y en cacao que luego cambiarían por oro legítimo en los mercados extranjeros.)

La Raza, vencida al fin, remonto el río y fue a esconder su dolor al corazón de las montañas. Y allí la fue a acosar la jauría, que logro regresar a muchos infelices por la fuerza o con el cebo del aguardiente. ¡La frutera necesitaba esclavos para sus nuevas plantaciones!

Entró la locomotora y sacó millones y millones de frutas para los oriundos. Y mientas en la capital de la República los criollos imbéciles o pillos aplaudían la obra “civilizadora” de la United, en Talamanca corría el guaro y el sudor y la sangre también.

Pero al poco tiempo la tierra se canso de dar bananos y ya el cacao no significo nada para los yanquis. Entonces estos levantaron sus rieles, destruyeron sus puentes y, después de escupir con desprecio sobre la tierra exhausta, se marcharon triunfalmente hacia otras tierras de conquista. Se marcharon arruinando hasta a los criollos ingenuos que, creyendo poder medrar a la sombra de la bota yanqui, habían plantado sus tiendas en la región.

Y volvió el silencio al valle de Talamanca; pero un silencio de muerte. Se fueron los gringos y sus secuaces, pero no regresaron los indios."

Carlos L. Fallas, Mamita Yunai: El infierno de las bananeras, Segunda edición, Editorial Platina Buenos Aires, 1956, p.68-69

Capítulo 2: ¿Cómo hacer de la Banana un Negocio Próspero?

Hacia 1870 pocos nortemericanos habían comido plátanos alguna vez en su vida. Hacia 1898, cuando comienza a funcionar la UFCo, los norteamericanos consumían 16 millones de racimos al año. La empresa contaba con plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Jamaica, Guatemala, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo; poseía más de 180 de kilómetros de línea férrea que conectaba las plantaciones con los puertos y una naviera, la "Great White Fleet" con 11 naves propias y 30 arrendadas, que transportaba la fruta a todo el mundo.

Instalada en países con bajos niveles de desarrollo que se dedicaban casi exclusivamente a la agricultura y la exportación de monocultivos, la empresa funcionaba a través de verdaderos enclaves industriales donde se proveía de todo lo necesario para que el circuito productivo funcionara. Además de las tierras y los ferrocarriles, la UFCo poseía las viviendas de sus trabajadores, sus escuelas y sistemas de salud, llegando incluso a desarrollar investigaciones científicas sobre la viruela y la malaria para hacer más expedita la producción. “Como culminación [de los monopolios de la United Fruit Co.], al llegar al puerto de la Frutera, en un barco de la Frutera, el guatemalteco toma el ferrocarril de la Frutera. En consecuencia, no hay modo de escapar a la ubicua compañía Frutera” [1]

Además de los factores productivos, la UFCo desarrolló vinculaciones de todo tipo con los gobiernos oligárquicos de los países donde funcionaba: redes familiares con las oligarquías locales (como el matrimonio de Keith con la hija del presidente de Costa Rica), presión política a través del gobierno de EEUU e intervenciones militares y financiamiento de grupos mercenarios y paramilitares.

La UFCo poseía toda la línea productiva de la banana, hecho facilitado por las estructuras económicas y sociales de los países centroamericanos que permitían la obtención de grandes márgenes de ganancia: la acumulación de tierras en grandes latifundios, los bajos costos de la explotación laboral facilitada por las -¿inexistentes?- leyes laborales, además de la existencia de verdaderos "paraísos fiscales" para los inversionistas, que hacían que hacia 1920 la explotación de las bananas fuera un próspero negocio que modificaba profundamente las sociedades locales y se posicionaba sólidamente en la sociedad norteamericana.

[1] (Cardoza y Aragón, 1955) citado aquí.